Van dos semanas del derrame de petróleo brasileño (Petrobras) que estaba siendo descargado por un buque italiano (Mare Doricum) en la refinería La Pampilla ubicada en Ventanilla, Lima, Perú, operada por la empresa Repsol, de origen español. Me ha acompañado estos días una mezcla de rabia y tristeza, viscosa y oscura como el petróleo crudo, que es global y a la vez difícil de localizar y que intoxica certeramente a todos los cuerpos con los que entra en contacto.

En este post quiero hablar del discurso de Repsol en los días iniciales post derrame. De todo lo que está ocurriendo en estos días, hay un aspecto clave que se juega en el campo de la representación de los hechos. Y esa lucha discursiva respecto de cuál es la correcta representación de lo ocurrido es central para los procesos legales y penales que se avecinan.

Se trata de estrategias discursivas ya estandarizadas por la industria petroquímica global y su historial de derrames y por ello es importante recordar que lo que dice Repsol no está separado de las prácticas de este sector empresarial ni de las relaciones de poder que las sostienen.

Estas estrategias atacan dos frentes en paralelo. Por un lado, buscan proyectar una imagen de estar activos y actuando para mitigar lo ocurrido –con la inversión mínima que les permite decir ahora y después en los procesos judiciales– que implementaron su plan de contingencia. En pocas palabras: que se vea que hacen, no importa si lo que hacen es insuficiente, improvisado o tardío. Por otro, la maquinaria pesada, la que no se ha visto ni en el mar ni en las playas, es discursiva y está orientada a minimizar y relativizar lo ocurrido y a deslindar lo más posible su responsabilidad.

Por ejemplo, Repsol se refiere a lo ocurrido en sus comunicados y en la sala de prensa de su web institucional como “el accidente de Ventanilla.” En su primer comunicado, 5 días después del evento, detalla: “Como es sabido, el derrame de petróleo fue ocasionado por un fenómeno marítimo imprevisible para la compañía, provocado por la erupción volcánica en Tonga.” Ese “como es sabido” que inicia la frase no es nada casual; busca crear la idea de que hay un sentido común compartido que está de acuerdo con que el oleaje, es decir, la naturaleza, causó el derrame.

En una entrevista a El Comercio, veleristas profesionales testigos directos de los hechos han desmentido esta versión del oleaje anómalo. Ellos se encontraban en el mar esa tarde del sábado 15 de enero, muy cerca al buque en cuestión, listos para participar en una competencia que no se llegó a dar justamente por la falta de viento y movimiento. Como además reporta El Comercio “aquel fatídico día el Pacific Tsunami Warning Center (PTWC), la fuente a la que recurren hombres de mar en todo el mundo, no había alertado de ningún peligro para el Perú”. Y sin embargo, Repsol no ha desistido de su versión.

De hecho, la estrategia #0 o default de Repsol (y de las empresas petroquímicas y extractivas en general) es utilizar exclusivamente sus propias “salas de prensa” y comunicados oficiales con lo cual tienen un control total de la versión de la realidad que van a sembrar a punta de repetición y repetición de ahí en adelante. Así también se evitan lapsus y frases desafortunadas que de hecho se dieron una vez que finalmente dos funcionarios de la empresa fueron entrevistados en los grandes medios. La primera entrevista que aceptó Repsol, ocurrió pasados cuatro días del derrame, cuando ya era imposible no dar la cara pues imágenes del derrame y noticias circulaban por todos lados, dentro y fuera del país. Aquel miércoles 19 de enero, el periodista Omar Mariluz entrevistó en la Rotativa del Aire de RPP a la Gerente de Comunicación y Relaciones Institucionales de Repsol en el Perú, Tine Van Den Wall Bake-Rodríguez. La segunda entrevista ocurrió recién al día ocho del derrame, cuando Mónica Delta en su programa Punto Final de Latina tuvo como invitado al Presidente de Repsol, Jaime Fernández-Cuesta.

Y esta es la estrategia #1: las empresas extractivas son muy selectivas en sus apariciones públicas y mediáticas. Nunca van a salir inmediatamente a responder nada, primero van a preparar bien su guión.

El primer punto que ambos entrevistados enfatizan es que el derrame fue ocasionado por el oleaje anómalo. Un volcán, muy lejos de Perú, es el “culpable”. Bake-Rodríguez dice: “El buque venía con 985 mil 696 barriles y ya se habían descargado en ese momento 628 mil 956 barriles y cuando llega la ola rompe los cabos de estribor y tira el buque contra nuestra instalación.” Sus declaraciones han sido reproducidas y repetidas en programas radiales y televisivos no solo textualmente sino agregándoles detalles no confirmados, por ejemplo, Correo o El Bocón hablan de “la ola de tsunami”. La Gerente de Comunicación, que durante la entrevista lee parte de sus respuestas, también alude a que las autoridades con las que ellos coordinan tampoco informaron de alerta de tsunami y cierra diciendo “para nosotros es importante que haya ese precedente”. 

En este discurso, ellos avanzan entonces la estrategia #2: desviar la atención y la búsqueda de responsables hacia otro lado. La naturaleza y las autoridades locales son los principales sospechosos.

Los veleristas presentes en el lugar de los hechos no mencionan ninguna ola, ni que el buque, anclado en altamar a varios kilómetros de tierra firme, haya impactado la instalación de Repsol. Tampoco lo menciona el capitán del buque italiano. Se ha hecho ya de conocimiento público en redes sociales y en el diario El País, partes de su carta de protesta que fue a entregar a la empresa y esta no aceptó, en la que además de acusar a Repsol de 9 fallos técnicos en su manejo del derrame, señala que no hubo un oleaje anómalo. El capitán explica además que, de haber sido ese el caso, tampoco afectaría a una nave de tal tamaño (272 metros de longitud) y peso (calculado en cientos de miles de toneladas, contando el casi un millón de barriles de crudo de cargamento) y que cala en el mar por lo menos unos tres pisos hacia abajo.

Para el Procurador Público del Ministerio del Ambiente, Julio César Guzmán, en entrevista a RPP se trata de “un argumento irrisorio”. Con palabras contundentes y claras, intuyo yo que anticipando también lo que se viene en las salas de penales y civiles, señaló: “Cualquiera que conoce algo sobre las tecnologías que se utilizan para esta actividad riesgosa, conoce muy bien que ese tipo de situaciones ni siquiera afectaría en lo más mínimo el traslado del crudo del barco a la refinería. Es un argumento que lo que intenta, de cara a la población, es (…) desviar las responsabilidades.” Este subraya que “la responsabilidad por el daño es una responsabilidad objetiva, es independiente de si hay o no hay oleaje.”

La empresa no solo desvía responsabilidades en sus modos de representar, también, y esta es la estrategia #3, minimiza lo sucedido al inicio para ganar tiempo, y reporta que solo fueron siete galones de crudo derramados.

Tanto la Gerente de Comunicación como el Presidente de Repsol, utilizan cifras exactas (“el buque venía con 985 mil 696 barriles”, “se habían descargado 628 mil 956 barriles”) y diagramas para reiterar sus argumentos. Demuestran que tienen tecnología para reportar exactamente cuántos barriles transportaba el carguero y cuántos faltan descargar. Pero luego cuando los periodistas insisten en esa gran diferencia entre el reporte inicial (0.16 barriles de crudo) y la realidad del derrame (por lo menos 6,000 barriles) de pronto no hay tecnología de punta que calcule nada. No se puede estimar cuánto se quedó en el medio. Ahora se trata de lo que las personas pueden ver con sus ojos y “no se veía nada”. Tampoco existe maquinaria lista, ni recursos humanos capacitados para las ocasiones en las que falla el funcionamiento normal de los procesos e infraestructuras.

Cuando finalmente se conoce la magnitud del derrame, Repsol de ser un gigante del petróleo en la región, con tecnología de punta para todo, se vuelve muy pequeñito. De hecho, es uno de los primeros afectados por esta situación. Y esa es la estrategia #4 de la empresa: la victimización propia.

Bake-Rodríguez señala: "si fuese un derrame normal, el crudo hubiese aflorado en el sitio pero como había estas olas se lo llevó a otro sitio, no se vio. Lo único que se vio fue iridiscencia en el mar. Entonces ahí se hace de noche, salen patrullas a explorar a la mañana siguiente y sale un dron…”. Hay momentos en que esa entrevista causa indignación de solo ver los gestos de la entrevistada, que relata las cosas con una notoria desafección, incluso fastidio. Era sábado en la noche, a quién le gusta en mitad del verano tener que ocuparse de estas cosas.


Cuando el periodista Omar Mariluz insiste y le pregunta "cuándo Uds. se dan cuenta de que esto es un desastre?" Ella dice que el domingo en la tarde. Él indaga más: "¿a quién le dijeron que esto era un desastre la tarde del domingo?" La Gerente retrocede y relativiza: “no sé si la tarde del domingo, la mañana del domingo, honestamente no te sé decir con qué persona hablamos". Recordemos que esta entrevista ocurre cuando han pasado ya cuatro días del desastre y mientras ella sí tiene cierta información recopilada y lista para la entrevista –pues la lee--, ese tipo de detalles no ha tenido cómo conseguirlos.

Omar Mariluz, sin embargo, no se amilana: "¿Capitanía sabía que esto era un desastre ecológico en la tarde del domingo?" En este punto los gestos de la Gerenta la delatan, niegan lo que dice con las palabras. Ella dice: “En cuanto nosotros hemos sabido, hemos hablado con capitanía inmediatamente." Mientras habla, su cabeza va de lado a lado sin parar, izquierda, derecha, izquierda derecha, en el gesto que conocemos bien y que significa NO.

Hay un momento muy duro (¿caradura?) de la entrevista a la Gerente de Comunicación. Mariluz pregunta: "¿se consideran responsables del desastre ecológico ocurrido?" Bake-Rodríguez piensa un ratito y dice contundentemente: "No." Es una respuesta directa, que no ha dado para ningún otro punto.

Ella detalla: "nosotros no ocasionamos el desastre ecológico, yo no puedo decirte quién es el responsable, pero nosotros sufrimos (...) ya te he narrado los hechos, nosotros estábamos haciendo una descarga desde el día anterior, nosotros pedimos confirmación [a la Marina de Guerra] acerca de la alerta en las costas del Perú…” No solo no son responsables, sino que ellos también sufrieron el hecho.

Y así pasamos a la estrategia #5: como Repsol no se considera legalmente responsable, lo que ofrece es su solidaridad y compromiso con la comunidad, como repiten mucho en estas entrevistas y en sus comunicados oficiales de avances en la limpieza de playas. Es decir, se trata de acciones voluntarias en colaboración con otros actores, y no de obligaciones como parte de los riesgos de implementación de su negocio.


El Presidente de Repsol señala en la mencionada entrevista (también lo dice su página institucional) que “Nuestra máxima prioridad es devolver a su estado original todo el litoral afectado.” Esta sería la estrategia # 6: prometer, cual campaña publicitaria, algo grandioso e imposible de lograr. Como dice el Procurador Público del Ministerio del Ambiente, Julio Guzmán, “el daño ecológico es irremediable”. Su afirmación se basa también en la amplia evidencia internacional de derrames de crudo, por ejemplo, el recordado derrame de la compañía BP en el Golfo de México en 2010. Ello es fácilmente comprobable con lo que hemos visto todos estos días en mareas negras que se desplazan por la costa, en flora y fauna totalmente cubierta en crudo y sin vida, y en generaciones de generaciones futuras de especies que serán afectadas (nacerán con deformaciones, sufrirán extrañas enfermedades, no llegarán a término).

Como señala el Procurador es además “un hecho catastrófico todavía en desarrollo.” Por ejemplo, como informó Osinergmin, el martes 25 de enero ocurrió otro derrame menor de aproximadamente 8 barriles de crudo como parte de la operación de retiro de remanente de crudo en el ducto de 4 kms y medio que conecta con la refinería. La empresa negó este derrame. Osinergmin calificó la situación como “controlada.” De todos modos, es más petróleo que se agrega al desastre, y todavía queda crudo por mover de ese ducto. Recordemos también que el proceso de remediación se hace a través de terceros y services, que a su vez contratan a pescadores y gente de la zona para hacer trabajo especializado y altamente contaminante y posiblemente sin haber sido informados de los riesgos que conlleva.

Si el plan de contingencia y remediación en las playas y mar resulta lento, improvisado, insuficiente, este otro plan discursivo, como vemos, se puso en marcha inmediatamente. Se trata de una pieza crítica en la batalla legal en la que la compañía argumentará que no le mintió al Estado, que solo fueron inexactos, que no tenían cómo saber, que no se podía ver y que además desplegaron su plan de contingencia sin escatimar en recursos; el Estado tendrá que probar lo contrario. 

Aquí solo baste recordar que los funcionarios competentes y capaces dan mejores resultados dentro de una articulación mayor con un Estado que los sostiene. Este gobierno, lamentablemente, no parece proveer esas garantías. Por eso es tan importante que ciudadanos y organizaciones sigan documentando el proceso y contar con testimonios para lo que se viene. 

Actualización: El 28 de enero en la tarde, el gobierno revela que la cantidad de crudo derramado se acerca a los 12,000 barriles y recién en ese momento Repsol emite un comunicado con una nueva cifra: 10,396 barriles. Y así seguirá la danza. A estar atentos.

* Créditos foto de portada: Gustavo Arrue